Durante la conquista española, el cerdo ibérico entro a Colombia a partir de 1.514 por diferentes puertos de embarque: Santa Marta, el Darién, Golfo de Urabá e incluso el puerto de Buenaventura y por tierra desde Quito hacia Popayán. Lo que hace prever la diversidad genética de los cerdos que provenían de la Península Ibérica. Es así como varias regiones del país, el cerdo desarrolló diferentes razas, fenotipos y en algunas regiones sobrevive aún como cimarrones (ferales) por la adaptación a diferentes ecosistemas, climas y dietas. Ha prevalecido en nuestro territorio desde hace más de 500 años, por su amplia resiliencia, resistencia y logró establecerse de manera arraigada, junto con otras especies traídas por los españoles a nuestras tierras. Aunque es una especie introducida, evolucionó en ecosistemas lejos de su natal España, dejó sus raíces y retoma el nombre de “cerdo criollo”, apelativo que se le designa a los descendientes de europeos, nacidos en un país hispanoamericano. Actualmente, lo consideramos como una especie propia que aún sobrevive en unión dentro de la economía doméstica, familias campesinas en Latinoamérica y Colombia no es la excepción.
Cooptación, escenario de conflicto.
Es evidente que a nivel mundial las especies nativas, autóctonas, criollas vienen siendo desplazadas por razas industrializadas, donde prevalece la producción de animales genéticamente modificados, desconociendo las bondades del cerdo criollo en cuanto a adaptación, conversión alimenticia y resistencia a enfermedades. La adopción generalizada de la genética ganadera industrial es el principal impulsor de la pérdida de la diversidad genética de los animales criollos. Con la introducción de animales reproductores industriales, los animales autóctonos están sujetos a una rápida sustitución o dilución genética (Etc Group, 2022). Por tanto, en Colombia hay un deficiente manejo y aprovechamiento de los recursos genéticos animales locales, los cuales, sin excepción, se encuentran al borde de la extinción (Martínez, 2010).


La biodiversidad en Colombia se reduce a pasos agigantados aunque existan leyes escritas en papel.
- La Constitución Política de 1991, artículo 79, enfatiza: “Es deber del estado, proteger la diversidad e integridad del ambiente”
- En 1995 Colombia firmó y se comprometió en cabeza del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con la Convención de la Diversidad Biológica (CDB) a cuidar y preservar los recursos genéticos. Sin embargo, la ley colombiana no ha garantizado el uso racional y conservación de muchas especies en las que se incluye del cerdo criollo, y está violando la garantía de la seguridad alimentaria de aquellos campesinos que usualmente lo tenían como fuente de proteína en el traspatio o de la caza de cerdos ferales en los departamentos del Meta, Arauca, Bolívar y Córdoba.

Campesinos acallados por el olvido del estado
- Campesinos en zonas rurales marginadas no tienen suficiente voz para realizar un llamado de atención de conservación del cerdo criollo.
- No hay un campesinado organizado que pelee por el cerdo criollo que ha evolucionado en su región, por tanto, es fácilmente reemplazado por cerdos que exigen insumos e inversión para la construcción de instalaciones costosas.
Por esta razón, ya existen regiones donde el cerdo ya no tiene influencia, o los campesinos lo cruzan sin control con razas industriales, o simplemente se dejan de utilizar las razas criollas por presiones de asistentes técnicos capacitados en la producción convencional, que determinan las pautas de producción en el país y a su vez favorecen a los conglomerados industriales. Es así como la economía campesina de pequeña a mediana escala ya no ven en este recurso zoogenético algo valioso. Los campesinos se ven vislumbrados por los aumentos productivos de las especies comerciales y sacrifican las bondades del criollo.
Anteriormente, eran especies comúnmente vistas en los traspatios de familias campesinas y actualmente están estigmatizadas y por ende se produzca un rechazo colectivo de la comunidad.
Centros de investigación agropecuaria que se unieron al conglomerado industrial
Con la llegada de la industrialización, los centros de investigación agropecuaria fueron creados para promocionar la tecnificación del campo, por ende promueven la producción pecuaria convencional y al mismo tiempo quedaron con la custodia de tres razas: Zungo, San Pedreño y Casco de Mula. En estos centros realizan mejoramiento de razas, promueven la dependencia de insumos y promocionan el paquete tecnológico para uniformizar la producción. Por tanto, en los últimos quinquenios los avances para mantener la diversidad genética de estas especies, han descuidado la base genética del grupo de padrones y estos mismos centros de investigación han reportado alto grado de consanguinidad de la población a cargo. Así mismo las labores de extensión y fomento donde llevan los pie de cría, una vez en el campo los campesinos no tienen recursos económicos para mantener especies que han sido levantadas en condiciones de estabulación, no sobreviven por estar expuestas a condiciones rústicas del ambiente y condiciones diferentes a las mantenidas en los centros de investigación (Barrera, 2007 y Espinosa, 2019).


Puntos que han determinado su posible fracaso:
🙁 No han realizado un registro o censo de la población de cerdos criollos en Colombia
🙁 No han generado un catálogo oficial de razas porcinas colombianas donde se describan y se clasifiquen oficialmente las razas, fenotipos y ferales reconocidas por su interés económico, zootécnico productivo, cultural, medioambiental o social.
🙁 No existe un programa de conservación in situ y ex situ que conecte el centro de investigación y campesinos encargados de pies de cría. Con el fin de realizar fomento de las especies en diferentes ecosistemas y tipos de alimentación existente. Igualmente, los campesinos serían multiplicadores de razas puras con el fin revalorizar las razas, fenotipos y ferales existentes

🙁 Espinosa, 2019 reporto que durante más de dos décadas que han tenido a cargo la conservación de la raza, se ha presentado un alto grado de consanguinidad en la piara, pues el reemplazo de los machos solo lo realizaron dos (2) veces, lo que ha ocasionado la presencia de animales con deformidades, ver foto arriba tomada por Cataño, 2018.
🙁 A pesar de que lo han mantenido por tantas décadas, aún no conocen la ecología de este cerdo y la interacción de este en diversos ecosistemas en Colombia. Las investigaciones se centran en la tecnificación y rendimientos de conversión alimenticia.
🙁 No saben como fomentar estas especies en condiciones de traspatio, sistemas silvopastoriles, en bosques, llanuras, etc., teniendo en cuenta las condiciones de clima y productos alimenticios disponibles para la dieta de los cerdos criollos.
🙁 El cerdo que recibieron en cada centro de investigación hace varias décadas estabulado es muy probable que haya perdido características de rusticidad y se asemejen más a cerdos industrializados. Ya no tienen la capacidad de sobrevivir en condiciones de traspatio o libertad donde provenían originalmente.
🙁 El mantenimiento de los cerdos criollos lo hacen con prácticas que vienen de la industria y no tienen conocimientos agroecológicos, ya que requiere un manejo holístico. Su función es recetar uniformemente un paquete tecnológico que es difícil de implementar para fincas o ecosistemas diversos.
🙁 No hay un adecuado control de las políticas y regulaciones, que permitan que la totalidad de campesinos adopten y cumplan las normas establecidas (p. ej. vacunación, desparasitación, etc.).

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Cerdos criollos ajenos de beneficios corporativos.
La asociación colombiana de porcicultores, en 1983, dio paso hacia la industrialización del cerdo en Colombia, como un efecto de la globalización en todos los sectores de la economía. La asociación de porcicultores en Colombia, suscribieron a través de la ley 272 de 1996 un fondo para el fomento de la producción de carne y lo hizo exclusivamente para los cerdos convenciones y el cerdo criollo quedó excluido de todo recaudo para su preservación y promoción.
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La industria ve en el cerdo criollo inminente riesgo
Existe una inminente presión del sector porcícola industrializado junto con la academia de realizar estudios detallados de localización de los cerdos ferales en todo Colombia. Este es un riesgo inminente para su preservación porque lo reportan como un animal que puede poner en riesgo la producción industrial. Siendo esta premisa contraria a la realidad, es la producción industrializada por la uniformidad del sistema, la hace susceptible a enfermedades por la baja diversidad genética. Además de los detrimentos ambientales innatos de este sistema productivo. Estas investigaciones producen un desprestigio de la benevolencia del cerdo criollo y mismo así de toda biodiversidad existente en nuestro planeta.

Conclusión
La diversidad de las razas criollas en nuestro país ofrece un gran paso en la evolución de la especie que se refleja en cinco siglos de adaptación, creando una diversidad genética que no podemos demeritar. Cada llanura, bosque o valle tiene recursos alimenticios que cambian en altitud, suelos y clima, en estos ecosistemas se han adaptado no solo tres razas de cerdos en Colombia representativas de ancestros ibéricos, existen muchos más fenotipos y ferales distribuidos en diferentes regiones al cual debemos prestarle atención, ya que son fuente de diversidad. Por consiguiente, enfocarse en la conservación de solo tres razas estaríamos cooptando disparidad genética desarrollada en cada región.
Es necesario emprender una labor agresiva de caracterización fenotípica y crear asociaciones de cerdos criollos a través de un fondo con apoyo del estado para promover inicialmente un censo poblacional con el fin de conectar fincas y determinar los grados de pureza y mestizaje se encuentran las razas, fenotipos y ferales en Colombia.
Existe ya información sobre los cerdos ferales en los Llanos Orientales y Costa Caribe, indicios de una población amplia que permitiría investigación y fortalecimiento de estas poblaciones con su debido control sanitario para preservar estas reservas de proteína con que cuenta las comunidades distantes a centros de consumo y permitirles que continúen utilizando este recurso como seguridad alimentaria. Al unísono realizar labores de publicidad para avivar la gastronomía, tradiciones, cultura, canciones, etc.; insertadas en el conocimiento de campesinos, indígenas, Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras. Con el fin de retomar nuevamente la importancia de los recursos genéticos que se han perdido por la simplificación del sistema que nos pone en un punto frágil tan importante en la economía campesina como seguridad alimentaria y de la misma sobrevivencia de la humanidad.
Bibliografía
Barrera, G.P., et al 2007. Cerdos Criollos colombianos, caracterización racial, productiva y genética. https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/2278
Espinosa, A. 2019. Comparación de dos sistemas de producción de cerdos criollos zungo del departamento de Córdoba y del Centro Latinoamericano de Especies Menores, CLEM
Etc Group. 2022. Barones de la alimentación. Lucro con las crisis, digitalización y nuevo poder corporativo. https://www.etcgroup.org/files/files/barones_completo-low_rev13dic_.pdf
Martinez-Correal, G. 2010. Plan Nacional de acción para la conservación, mejoramiento y utilización sostenible de los recursos genéticos animales de Colombia. FAO, Bogotá. https://coin.fao.org/coin-static/cms/media/12/13346079520090/pna02-arreglado.pdf
